Si tuviera que resumir mi vida, diría que ha estado marcada por diferentes etapas, algunas elegidas y otras que simplemente llegaron.
Desde joven tuve que asumir responsabilidades y afrontar situaciones que me hicieron madurar y aprender a adaptarme. Con el tiempo fui construyendo mi propia familia junto a mi pareja. El camino hacia la maternidad no fue sencillo, pero finalmente llegó nuestro hijo, y con él una de las etapas más importantes y transformadoras de mi vida.
Años después llegó otro reto: emprender.
Decidí hacer realidad un proyecto que inicialmente nació de una ilusión de mi pareja y que poco a poco también se convirtió en mío. Fueron años de mucho trabajo, esfuerzo, ilusión y aprendizaje. Invertimos tiempo, energía y recursos en construir algo que llegó a formar una parte importante de nuestra vida familiar y profesional.
Como ocurre muchas veces, detrás de un proyecto hay mucho más que trabajo. Hay sueños, expectativas, sacrificios y una parte de uno mismo.
Pero llegó un momento en el que las circunstancias hicieron imposible continuar.
Las dificultades económicas, los problemas de salud y finalmente una DANA nos llevaron a cerrar el negocio. Fue el final de una etapa en la que habíamos puesto mucho de nosotros.
Y cerrar aquel proyecto no significó únicamente dejar una actividad profesional. También supuso despedirnos de una forma de vida, de unos planes y de muchas expectativas que habíamos construido durante años.
A todo ello se sumó una de las experiencias que más me ha transformado: acompañar durante años a mi pareja en su pérdida de salud y convivir con el dolor crónico.
Esta realidad fue cambiando nuestra vida familiar, nuestros planes, nuestra forma de disfrutar y muchas de las experiencias que habíamos imaginado compartir con nuestro hijo.
El dolor crónico está presente cada día. El paso del tiempo no lo hace desaparecer; nos ha enseñado a convivir con él y a adaptarnos continuamente a una vida diferente. Hemos tenido que afrontar las limitaciones, la incertidumbre y el duelo por una vida que ya no podía ser como antes.
Pero también aprendimos que una vida diferente no tiene por qué ser una vida sin felicidad. Encontramos nuevas formas de estar juntos, de disfrutar, de encontrar paz y de recuperar poco a poco la alegría.
Esta experiencia me enseñó que aceptar que la vida ha cambiado no significa renunciar a vivirla. Significa aprender a adaptarnos, descubrir qué podemos conservar y qué necesitamos transformar para seguir construyendo una vida que tenga sentido.
Todas esas experiencias me llevaron a una etapa de mucha reflexión.
Volví a estudiar, a formarme y a preguntarme qué quería hacer con todo lo que había vivido y aprendido.
Descubrí que muchas de las cosas que consideraba pérdidas también habían dejado algo en mí: experiencia, capacidad de adaptación, fortaleza, sensibilidad y una mirada diferente hacia las personas que atraviesan momentos de cambio.
Y fue desde ahí desde donde comenzó a tomar forma mi proyecto actual.
No nació de una única experiencia, sino de la suma de muchas etapas de mi vida y de todo lo que cada una de ellas me enseñó.
Hoy sé que no podemos elegir todas las circunstancias que nos toca vivir. Pero sí podemos, poco a poco, decidir cómo responder ante ellas, qué queremos conservar, qué necesitamos dejar atrás y qué queremos construir a partir de lo vivido.
Por eso estoy aquí.
Para poner mi experiencia, mi formación y todo lo aprendido al servicio de otras personas que están atravesando sus propios cambios y necesitan encontrar claridad para decidir cómo quieren continuar.
Experto en Coaching Profesional Certificado
COANCO
Curso de Postgrado Certificado en PNL
COANCO
Estudiante del Grado en Psicología
UNED
Para mí, el coaching no consiste en darte respuestas ni decirte qué decisiones debes tomar.
Consiste en ofrecerte un espacio de escucha, reflexión y exploración, en el que puedas detenerte, mirar tu situación desde nuevas perspectivas y conectar con aquello que realmente quieres.
A través de preguntas y herramientas de coaching, exploraremos dónde estás hoy, qué quieres conseguir, qué te está frenando y qué posibilidades tienes para avanzar.
Mi objetivo no es decirte qué camino debes seguir, sino ayudarte a encontrar tu propia dirección y tomar decisiones más conscientes y alineadas contigo.
Durante mucho tiempo pensé que reinventarse significaba empezar de nuevo.
Hoy sé que no es así.
Reinventarse no significa dejar atrás quién eres. Significa descubrir quién quieres ser a partir de todo lo que has vivido.
Por eso, cuando hablo de acompañar, inspirar y ayudar, hablo de estar al lado de personas que se encuentran en un momento de cambio y sienten que necesitan parar, escucharse y decidir hacia dónde quieren dirigir su vida.
Acompañarte significa estar a tu lado mientras ordenas lo que estás viviendo, descubres qué necesitas y encuentras tus propias respuestas.
Sin decirte quién tienes que ser.
Sin darte una fórmula para una vida perfecta.
Porque tu camino es tuyo.
Quiero compartir contigo mi experiencia, no porque tenga todas las respuestas, sino porque sé lo que significa tener que empezar de nuevo.
He aprendido que incluso las etapas que más nos rompen pueden enseñarnos cosas sobre nosotros mismos que antes no veíamos.
Y que empezar de nuevo no siempre significa empezar desde cero.
Ayudarte significa llevar esa reflexión a la acción.
Identificar qué quieres cambiar, qué quieres conservar, qué necesitas soltar y qué pequeños pasos puedes empezar a dar para construir una vida más coherente con quien eres y con lo que realmente quieres.
Porque a veces no necesitamos que alguien nos diga qué camino tomar.
Necesitamos parar, escucharnos y encontrar el valor para elegirlo.
Y eso es lo que quiero ofrecerte:
un espacio para parar, mirar hacia dentro y comenzar a construir tu siguiente etapa con más claridad, conciencia y propósito.
Si estás en un momento en el que necesitas parar, escucharte y decidir qué quieres para tu próxima etapa, quizá este sea un buen momento para empezar.